Martes 21 de noviembre del 2017

Mensaje por el día de la Vida Consagrada

Jornada de la Vida Consagrada
Ciudad de México, 2 de febrero del 2017
 
Estimadas/os hermanas/os religiosa/os
 
“Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones…”
 
Bajo la mirada misericordiosa de Dios Padre, hoy como Jesús, nos presentamos ante Él y el mundo, acogiendo con un corazón agradecido el don de la consagración a su proyecto liberador en un tiempo y lugar concreto que nos desafía a proponer caminos de vida.
 
Dejarnos mirar, nos permite reconocer la gratuidad de su llamada que abraza nuestra pequeñez y vulnerabilidad y la pone al servicio del Reino, haciendo posible una vez más el principio de Encarnación en nuestra vocación. 
 
Una mirada que nos pone en camino misionero con una renovada imaginación y audacia profética, mirada que nos libera de nuestros miedos y nos lanza a hacer presente su propuesta de humanización en todos los ambientes con la fuerza profética de nuestros Carismas; luz de referentes de humanización y evangelio en medio de diversas realidades de fragmentación del tejido humano y social. No nos resignemos a achatar su fuerza transformadora en nuestras vidas personales, comunitarias y en la misión.
 
La Vida Consagrada renueva hoy su llamada a presentar al mundo esa fuerza liberadora que da esperanza a nuestro pueblo y coloca su corazón en los pobres, recuperando su condición de ofrenda amorosa y generosa.
 
Encaminamos nuestros pasos para acompañar a nuestros hermanos y hermanas que sufren los embates de la injusticia e impunidad, fraguando caminos de verdad, equidad y denuncia de todo lo que empañe nuestra condición de hijos e hijas de Dios en la construcción de un país digno.
 
En la Jornada de Vida Consagrada, celebramos la esperanza y unimos nuestra luz a la de tantos profetas que avizoran tiempos nuevos reconstruyendo con actitudes y colaboración un proyecto de nación.
 
Que María de Guadalupe, nos muestre los caminos de la ternura amorosa para acoger, acompañar e impulsar los caminos de solidaridad y paz que Dios quiere de nosotros.
 
Fraternalmente:
Juana Angeles Zárate Celedón
Presidenta de CIRM