SAN JOSÉ EJEMPLO DE EDUCADOR

Ma. Guadalupe Torres Villagómez, hj

Miembro de la Red de Educación CIRM

Desde muy temprana edad me ha llamado la atención la figura de San José. Después al ingresar a la Congregación de Hermanas Josefinas se ha acrecentado el interés por conocerlo y profundizar en su vida, misión y virtudes en las que más se distingue. También he llegado a la convicción de que no se puede separar a Jesús y a María al hablar de San José. José vive su vocación y realiza su misión en el seno de la familia de Nazaret, acogiendo en fe a María y a Jesús. Vivamos nuestra vocación y misión de Educadores (as) fomentando un estilo familiar como en la familia Nazaret.

José con Jesús y María son nuestros modelos en acoger el Plan de Dios. Toda su vida es una vida de obediencia y escucha de la voz de Dios. San José no conocía el misterio obrado en María, pero como era un hombre justo y no quería perjudicarla decide abandonarla en secreto. El mensaje del ángel: “No temas recibir en tu casa a María, tu esposa; pues, ciertamente, lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo” (Mt. 1,20) cambia sus planes. José acoge a María, la respeta, la cuida, la acompaña. El proyecto de Dios en su vida era ser esposo de María y padre de Jesús. Y José, el hombre justo y prudente, responde en total obediencia al plan salvífico de Dios, acogiendo la voz del ángel del Señor, llevándose a María a su casa. En su silencio y contemplación es modelo para nuestra oración. José acoge la Palabra de Dios hecha humanidad, Jesús. La hace vida de su vida y se entrega totalmente al servicio de María y de Jesús. En el silencio y la contemplación de la Palabra descubrimos, como él, el querer de Dios en nuestras vidas.

Quiero compartirles algo de nuestra página evangélica, y que constantemente reflexionamos y oramos como hermanas Josefinas y trabajamos cada día para que nuestras comunidades y cada hermana josefina seamos verdaderas copias del Hogar de Nazaret, distinguiéndonos sobre todo en la acogida en fe a ese Jesús que se hace presente en nuestras Hermanas, en todas las personas que se acercan a nosotras, por ser lugares de encuentro, de diálogo, de puertas abiertas, corazón disponible para recibir a todos con alegría y sencillez y por nuestro testimonio, expresión de madres, maestras y amigas, en este mundo marcado por la violencia, la intolerancia, el maltrato.

José es Patrono de la Iglesia universal, custodio de todo el Pueblo de Dios y de toda la humanidad. José acoge a María y a Jesús y en ellos a la Iglesia. Es modelo de esperanza y de confianza en Dios que nos mantiene firmes ante las dificultades y nos fortalece en la fe afrontando con valentía los retos de hoy.

Como educador, José es modelo y ejemplo para cuidar la vida y ayudar a crecer a Jesús en nosotras y en los demás. Él cumplió el hermoso papel de guía y maestro para el Niño a él confiado. Nuestra misión es hacer crecer en los niños, adolescentes y jóvenes a Jesús y acompañar su proceso de crecimiento con sabiduría a través de nuestro testimonio evangélico; de modo que sean capaces de transformar el mundo cultivando los valores de la paz, la fraternidad, justicia y solidaridad.

Con frecuencia reflexiono en Jesús que es hombre, que habla con el acento de una región determinada de Israel, que se parece a un artesano llamado José, ese es el hijo de Dios; pero es realmente hombre, y vive normalmente: primero como niño, luego como muchacho, que ayuda en el taller de José; finalmente, como un hombre maduro, en la plenitud de su edad. Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los Hombres. (Lc. 3, 52) Jesús debía parecerse a José: en el modo de trabajar, en rasgos de carácter, en la manera de hablar. En el realismo de José, en su espíritu de observación, en su modo de sentarse a la mesa y de partir el pan, en su gusto por exponer la doctrina de una manera concreta, tomando ejemplo de las cosas de la vida ordinaria, se refleja lo que ha sido la infancia y la juventud de Jesús y, por tanto, su trato con María y José.

Con María José estaba destinado a ofrecer al Niño, para su crecimiento, una vida familiar, santuario de amor y cuna de la vida que acoge para su crecimiento y educación. Era precisa la influencia educadora no sólo de una madre, sino también de “aquél que a sus ojos representaba más especialmente al Padre celestial, que le había enviado para ser acogido en su familia bajo su autoridad y su amor paterno. En José, Jesús podía reconocer la imagen de Padre. De manera que José no sólo ha contribuido al desarrollo humano del Niño de Nazaret, sino que le ha ayudado a comportarse como el Hijo del Padre, que le había enviado como Redentor al hogar de José, para que lo educara, preparándolo para su misión redentora.

Guiemos con José y María a nuestros alumnos a esta escuela de Nazaret “…escuela de iniciación para comprender la vida de Jesús. La Escuela del Evangelio. Aquí se aprende a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido tan profundo y misterioso, de aquella simplísima, bellísima manifestación del Hijo de Dios…En esta escuela se comprende la necesidad de tener una disciplina espiritual, si se quiere llegar a ser alumnos de Evangelio y discípulos de Cristo…Renazca en nosotros la valorización del silencio, al estar aturdidos por tantos ruidos, tantos estrépitos, tantas voces ruidosas… silencio de Nazaret , enséñanos el recogimiento, la interioridad, la aptitud de prestar atención a las buenas inspiraciones y palabras de los verdaderos maestros, enséñanos la necesidad y el valor de la preparación, del estudio, la meditación, de la vida personal e interior…” (Pablo VI en su visita a Nazaret 05/01/1964)

Confiamos a San José a los jóvenes para que se encuentren de verdad con Jesús, se despierten en ellos deseos de seguir sus huellas y ser jornaleros de su viña.

Pongamos bajo el amparo de José y de María a nuestros niños y adolescentes, para que, así como él educó a Jesús, sepamos nosotras ayudar a nuestros pequeños a crecer en estatura, sabiduría y en gracia. Y presentémosle a todas las familias para que san José cuide de ellas como lo hizo con la familia de Nazaret.

 

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