JORNADA NACIONAL DE PASTORAL VOCACIONAL

Del 19 al 23 de noviembre, en Querétaro, se llevó a cabo la Jornada Nacional de Pastoral Vocacional con el tema: “Los retos actuales de la PV” y el lema: “¡Descálzate, la tierra que pisas es sagrada!” (Ex, 3,5) organizada por el equipo que compone la OMAPAV (Organización Mexicana de Agentes de Pastoral Vocacional).

La liga para consultar los materiales y videos relativos a dicha Jornada es la siguiente:

https://www.facebook.com/pg/PastVocMex/videos/?ref=page_internal

https://drive.google.com/…/1KthkbfivonLLPgEFfGU-WO5-qe6Mc0h…

4 to domingo de Adviento: VIVIR EL ADVIENTO EN CLAVE DE INTERIORIDAD

INTRODUCCIÓN

Te invitamos a tomarte el tiempo de Adviento como un momento para dejarse encontrar por Dios. Sí, es verdad, el Adviento es un camino… pero en el que sabemos que Dios ya ha dado el primer paso y que correrá a nuestro encuentro en cuanto nosotros nos abramos a su presencia.

Dios está presente siempre, en cada momento de nuestra vida. Pero no siempre estamos lo suficientemente “conectados” con él para escucharle. Las prisas, los agobios, los miles de anuncios y ofertas, las deslumbrantes luces de este tiempo, nos aturden y nos restan capacidad para entrar en nuestro interior y prepararnos a vivir el Adviento y la Navidad desde el interior, desde lo profundo del corazón para acoger la encarnación de Dios.

Ante la complejidad del momento que vivimos y ante la superficialidad que acompaña a la dinámica consumista de este momento, les proponemos vivir este tiempo de Adviento en clave de INTERIORIDAD y vivir este tiempo de esperanza con apertura y confianza.

Sólo desde la profundidad de nuestro corazón podemos dejarnos sorprender por Dios que viene a transformar nuestro mundo. El Papa Francisco nos invita a vivirlo desde el corazón.

En este tiempo de Adviento estamos llamados a alargar el horizonte de nuestro corazón, a dejarnos sorprender por la vida que se presenta cada día con sus novedades”.

Deseamos que este material ayude a nuestras comunidades educativas a vivir este tiempo con el verdadero sentido de la Navidad, desde el ENCUENTRO, la ALEGRÍA y la ESPERANZA.

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO:

La vida está preñada de Dios”

El cuarto domingo nos acerca ya al nacimiento de Jesús. Esta semana es un tiempo de contemplar en nuestro interior a María, como mujer de fe y como madre, que “guardaba todas estas cosas en su corazón”.

Es una invitación al silencio interior para aumentar en mí el deseo de su presencia, dejando de lado todo aquello que no nos deja tomar conciencia de su venida.

1. Para comenzar la oración:

Hago silencio, busco dentro de mi cómo estoy; qué deseos me habitan. Tomo conciencia del amor que Dios me tiene y que se manifiesta en rostros y situaciones particulares. Le pido que me ayude a mirar a María que me enseña con su actitud y con su vida a cuidar mi vida interior. Le pido a ella que esté presente en esta semana de esperar a Jes{us.

2. Lecturas de la cuarta semana de Adviento

En la primera lectura el profeta Miqueas 5,2-5 nos habla de “cuando dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces… él pastoreará con fuerza y con la majestad del nombre del Señor. El mismo será la paz… Él será el que nos libre”

Salmo 79. “Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.

Repite en tu interior esta parte del salmo y piensa lo que esto significa en tu vida y en la vida de los que te rodean.

La segunda lectura de Hebreos 10,5-10, nos habla de quién es este niño tanto tiempo esperado y por qué ha venido a nosotros. “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo… Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Este es el corazón de la persona de Jesús: su entrega que nos salva y santifica. Su presencia entre nosotros nos enseñará cómo mantenernos firmes y fieles a la voluntad de Dios.

Piensa qué significan para ti estas palabras de la carta a los Hebreos

¿Cómo la puedes hacerlas tuya en el día a día de tu vida? ¿Qué es para ti la voluntad de Dios?

Pide la fuerza del Espíritu para que te ilumine y encuentres maneras concretas de vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.

Evangelio de Lucas 1,39-45 “¡Dichosa tú que has creído porque lo que te dijo el Señor se cumplirá!”

3. Comentario al texto del Evangelio

Este pasaje nos relata el encuentro de dos mujeres embarazadas: María e Isabel. Ante el saludo de María, el niño que Isabel trae en su vientre salta de alegría. El gozo es la primera respuesta a la venida del Mesías porque nos sabemos amados por Dios.

Isabel, “llena del Espíritu Santo” pronuncia una doble bendición: declara a María “bendita entre todas las mujeres” por ser amada y privilegiada por Dios El segundo motivo de su elogio: “Bendito el fruto de tu vientre”, Jesús, el que lleva en su seno, se encarna en el cuerpo de María. Dos mujeres frágiles y fuertes a la vez porque tienen la fuerza del Espíritu. Dos mujeres creyentes que escuchan a su Dios. Dos mujeres sencillas, del pueblo que son tan fuertes como los niños que darán a luz para el mundo.

Así es como se acerca Dios; a los pequeños de la tierra, a las minorías, a los humildes. Ahí Dios se hace humano, se hace hermano, se encarna y está entre nosotros.

4. Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

Te invito a que leas despacio este texto de la visitación, como si fuera la primera vez. Míralo con ojos nuevo, escúchalo con los oídos del corazón, saboréalo y descubre en sus palabras la vida que te regala en este momento de tu vida

Termina con una oración de agradecimiento: Gracias señor, por lo que has sembrado en mi corazón en este tiempo de Adviento, en el que esperamos tu venida. Quiero recibirte con alegría y acoger a todos los que tengan necesidad de ser recibidos. Gracias, Jesús, por ser uno más de nosotros. Amén

5. Concluyo con este canto:

María, mujer fuerte de Salomé Arricibita

Mensaje Final sobre el cuidado y protección de menores

CONFEDERACIÓN CARIBEÑA Y LATINOAMERICANA DE RELIGIOSAS/OS – CLAR

SEMINARIO CONTINENTAL SOBRE CUIDADO Y PROTECCIÓN DE MENORES Bogotá – Colombia, 20 a 23 de noviembre de 2018

MENSAJE FINAL
“Si un miembro sufre, todos sufren con él” (1 Co 12, 26)

En la ciudad de Bogotá nos encontramos religiosas, religiosos, sacerdotes diocesanos y laicos. En total, 76 participantes de 19 países desde EE.UU. hasta Chile. Han sido cuatro días, del 20 al 23 de noviembre de 2018, en los que disfrutamos del compartir fraterno, de ser una Iglesia que camina, reflexiona, ora y crece desde las raíces del Reino.

La CLAR nos convocó bajo el lema, “Salgamos aprisa al cuidado de niñas, niños y adolescentes”.

Estos días fueron de profunda conmoción. Hemos vivido momentos de dolor, de vergüenza y de tristeza. Nos sentimos hermanas y hermanos en solidaridad con quienes han sido víctimas del abuso en nuestra Iglesia; su enorme sufrimiento, así como el de sus familias y comunidades, no puede dejarnos indiferentes. Nos comprometemos a acogerles, a escucharles y a ponerles al centro en este momento, pues, necesitamos dar pasos de conversión en nuestro modo de relacionarnos y en la construcción de un nuevo modo de ser Iglesia.

No podemos olvidar que quien abusa es también una hermana o un hermano, y no es minimizando el abuso, ignorándolo o encubriéndolo como podemos ayudarle. Descubrimos en ella o en él, nuestro fallo en la evangelización, en el acompañamiento y en nuestras cegueras por no ver lo que estaba pasando.

La reflexión de estos días nos condujo a adentrarnos en la magnitud de la situación que está viviendo la Iglesia y la sociedad en general. Hemos aclarado términos, conceptos y hemos aprendido a identificar señales que nos ponen en alerta, frente a la posibilidad de una situación de abuso.

Hemos ido más allá y hemos descubierto que todo abuso sexual está enmarcado en una relación asimétrica de poder, que lejos de ser vivida desde el servicio, al estilo de Jesús, se apodera de la vida, del cuerpo y de la conciencia de quienes están en situación de vulnerabilidad. La realidad de Chile, sobre la que hemos reflexionado, muestra otras situaciones eclesiales vividas en nuestros países. Ella, nos llevó a evidenciar que, en la Iglesia se ha dado un sistema que ha ido propiciando el abuso. Esto nos duele profundamente, pues nos sentimos evangelizados y evangelizadores del Reino de la fraternidad y de la equidad.

Nos sentimos llamados a acoger el dolor de las víctimas, a acercarnos a su realidad, igual que cuando nos acercamos a la Cruz para contemplar a Jesús como víctima y para reconocerlo en sus rostros. Nuestra sensibilidad hacia esta realidad crece y se encarna al descubrir el rostro concreto de quienes han sufrido el abuso. Solo la escucha a las víctimas nos llevará hacia una verdadera conversión.

Se nos ha abierto un horizonte muy amplio en la comprensión de lo que puede ser el abuso de conciencia, que es más frecuente de lo que pensamos. Con este abuso, la víctima puede llegar a perder su capacidad de decisión y libertad individual. Esto ha cuestionado nuestros procesos formativos y relaciones pastorales.

Teniendo este telón de fondo, una moción del Espíritu del Señor es: “caminar en la verdad y hacernos cargo de la realidad”, por ello nos comprometemos a:

 Impulsar en nuestras Conferencias de Religiosas y Religiosos, las Comisiones nacionales de protección de menores como espacios de evangelización, orientación, animación, formación permanente afectivo-sexual y espiritual.

 Estimular un trabajo colegial con otras instancias de la Iglesia -Conferencias Episcopales- y con la sociedad civil para elaborar o poner en común líneas guías, que impliquen protocolos para el cuidado de niñas, niños, adolescentes y adultos en situación de vulnerabilidad.

 Trabajar desde lo interdisciplinar e inter-congregacional tejiendo redes, para que cada Congregación Religiosa pueda aportar las propias riquezas y así, responder con humildad, valentía y esperanza en la construcción de una cultura de cuidado, buen trato y protección.

 Revisar y actualizar nuestros procesos formativos, de tal manera que, sean procesos integrales, en donde la formación afectivo-sexual sea una prioridad.

Nuestra periferia hoy es defender la vida allá donde clama y ser pioneras/os en ofrecer espacios seguros, dentro de nuestros ámbitos y fuera de ellos, en colaboración con toda la Iglesia y la sociedad civil.

Dios no nos abandona y creemos firmemente que el vino nuevo está por llegar, una Iglesia más auténtica en su servicio y entrega por el Evangelio, desde los sentimientos de Jesucristo que se hizo pobre con los pobres.

Que María, Madre de América Latina, nos ayude a cuidar y proteger la vida.

Participantes Seminario Continental sobre Cuidado y Protección de Menores

Bogotá, D.C., 23 de noviembre de 2018

3er domingo de Adviento: VIVIR EL ADVIENTO EN CLAVE DE INTERIORIDAD

INTRODUCCIÓN

Te invitamos a tomarte el tiempo de Adviento como un momento para dejarse encontrar por Dios. Sí, es verdad, el Adviento es un camino… pero en el que sabemos que Dios ya ha dado el primer paso y que correrá a nuestro encuentro en cuanto nosotros nos abramos a su presencia.

Dios está presente siempre, en cada momento de nuestra vida. Pero no siempre estamos lo suficientemente “conectados” con él para escucharle. Las prisas, los agobios, los miles de anuncios y ofertas, las deslumbrantes luces de este tiempo, nos aturden y nos restan capacidad para entrar en nuestro interior y prepararnos a vivir el Adviento y la Navidad desde el interior, desde lo profundo del corazón para acoger la encarnación de Dios.

Ante la complejidad del momento que vivimos y ante la superficialidad que acompaña a la dinámica consumista de este momento, les proponemos vivir este tiempo de Adviento en clave de INTERIORIDAD y vivir este tiempo de esperanza con apertura y confianza.

Sólo desde la profundidad de nuestro corazón podemos dejarnos sorprender por Dios que viene a transformar nuestro mundo. El Papa Francisco nos invita a vivirlo desde el corazón.

En este tiempo de Adviento estamos llamados a alargar el horizonte de nuestro corazón, a dejarnos sorprender por la vida que se presenta cada día con sus novedades”.

Deseamos que este material ayude a nuestras comunidades educativas a vivir este tiempo con el verdadero sentido de la Navidad, desde el ENCUENTRO, la ALEGRÍA y la ESPERANZA.

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO.

DOMINGO DE LA ALEGRÍA

Mi fuente de alegría es el Señor” confian

En esta tercera semana de Adviento encontramos las palabras que nos ayudarán a crecer en la za, en la esperanza y en la alegría por la llegada del Señor. Este domingo recibe el nombre de ALEGRÍA, de GOZO, porque la llegada del Señor está cerca.

1. Para comenzar la oración:

Tomar conciencia de la presencia de Dios que me habita porque su amor “ha sido derramado en mi corazón”. Hago silencio en mi interior para disponerme a escuchar su Palabra, para abrir mi corazón y estar atenta a su voz

2. Lecturas del tercer domingo de Adviento

Que estas lecturas alimenten tu deseo de recibir al Señor, que ya viene. Abraza estas palabras, recíbelas, deja que calienten tu corazón, repítelas varias veces. Si te ayuda, puedes escribirlas, o subrayarlas en tu misma Biblia.

Primera lectura: Sofonías 3,14-18 Esta lectura nos recuerda que “tu Dios está en medio de ti” Esto nos llena de alegría y de confianza. El miedo desaparece ante esta presencia del Señor que te habita, ante la certeza de que “su amor te renovará”

Salmo responsorial: tomado del libro de Isaías 12,2-6, también encontramos palabras de aliento y esperanza que ponen contento nuestro corazón: “Tengo confianza y no temo, porque mi fuerza y mi fuente de alegría es el Señor, él es mi salvación”.

Segunda lectura: carta de san Pablo a los Filipenses 4,4-7: nos invita a estar alegres en el Señor porque está cerca. Alegrarnos por su venida no es sólo una invitación, sino una exigencia de nuestra fe porque, reconocemos que la encarnación es una realidad y que la Palabra de Dios se oculta en la carne de la tierra, en la historia, en nuestras vidas. Es una alegría que viene de nuestra fe, que nace de la certeza de que el EMMANUEL, el Dios con nosotros, está cerca.

Evangelio de Lucas 3,10-18, nos encontramos con Juan Bautista que exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena noticia. La gente preguntaba a Juan: “Entonces, ¿qué hacemos nosotros?”

3. Comentario al texto del Evangelio:

A semejanza de los discípulos de Juan,

Comencemos de Forma Sencilla, por lo Pequeño Cuando la tarea de llevar a cabo lo que debemos hacer excede ciertamente nuestras fuerzas y nuestra capacidad, ¿qué podemos hacer? Cuando el problema es demasiado amplio como para poderlo abarcar -como p. ej., la injusticia y violencia en el mundo, la falta de amor, la división entre la gente- ¿qué podemos hacer nosotros, gente sencilla y de a pie?

Podemos comenzar de forma sencilla, actuando con responsabilidad en nuestro propio pequeño rincón, con la gente que nos rodea, y haciendo bien todo lo que tenemos que hacer. Éste es el consejo de Juan el Bautista a los que se acercan a él para la conversión. Esto es lo que tienen que hacer: acelerar la venida del Salvador. Esto es quizás todo lo que nosotros podemos hacer para traer hoy a Cristo a nuestro mundo. (Tomado de Ciudad Redonda)

4. Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

¿Qué palabras llegaron a mi corazón de manera especial?

Repítelas varias veces, deja que penetren tu corazón.

Detecta cuáles son tus sentimientos en relación a ellas y deja que espontáneamente brote de ti una oración, ya sea para agradecer, para alabar, para bendecir, o para hacer alguna petición.

Te invito a hacerte la misma pregunta que el pueblo le hizo a Juan el Bautista: “Maestro, ¿qué hacemos nosotros?” Esta es una buena pregunta porque nuestra esperanza tiene que ser activa, ha de ponernos en movimiento. Y paradójicamente, este tiempo próximo a Navidad vivimos en un torbellino de actividad que sofoca la verdadera espera y el deseo de que llegue el que ha de venir: Jesús nuestro Salvador.

Piensa en lo que puedes hacer en estas dos semanas para vivir con una esperanza auténtica. Pregúntate. ¿qué puedo hacer por los que tengo más cerca? ¿qué puedo hacer por, los que necesitan de esperanza? ¿qué puedo hacer para contagiar la alegría y la esperanza?

5. Concluyo con este pensamiento:

Quiero pedirte prestados tus ojos

para poder contemplar mis cegueras.

Pedirte prestados tus brazos

para tomar mi camilla y ponerme de pie.

Pedirte prestadas tus entrañas

para llenarme de tu misma misericordia.

Pedirte prestado tu corazón

para hacer de mi vida un sacramento de tu amor.

Pedirte prestada tu oración

para poder ser contemplativo en la acción..

Pedirte prestadas tus lágrimas

para aprender a sonreír con los demás.

Pedirte prestado tu peregrinar

para nunca instalarme.

Pedirte prestada tu autoridad de Mesías

para sólo dejarme conducir y llevar.

Pedirte prestada tu encarnación

para que sin perder de vista el Reino

me embarre cada día con nuestra historia.

(Marcos Alemán, sj tomado de Rezando Voy)

2do domingo de Adviento: VIVIR EL ADVIENTO EN CLAVE DE INTERIORIDAD

INTRODUCCIÓN

Te invitamos a tomarte el tiempo de Adviento como un momento para dejarse encontrar por Dios. Sí, es verdad, el Adviento es un camino… pero en el que sabemos que Dios ya ha dado el primer paso y que correrá a nuestro encuentro en cuanto nosotros nos abramos a su presencia.

Dios está presente siempre, en cada momento de nuestra vida. Pero no siempre estamos lo suficientemente “conectados” con él para escucharle. Las prisas, los agobios, los miles de anuncios y ofertas, las deslumbrantes luces de este tiempo, nos aturden y nos restan capacidad para entrar en nuestro interior y prepararnos a vivir el Adviento y la Navidad desde el interior, desde lo profundo del corazón para acoger la encarnación de Dios.

Ante la complejidad del momento que vivimos y ante la superficialidad que acompaña a la dinámica consumista de este momento, les proponemos vivir este tiempo de Adviento en clave de INTERIORIDAD y vivir este tiempo de esperanza con apertura y confianza.

Sólo desde la profundidad de nuestro corazón podemos dejarnos sorprender por Dios que viene a transformar nuestro mundo. El Papa Francisco nos invita a vivirlo desde el corazón.

En este tiempo de Adviento estamos llamados a alargar el horizonte de nuestro corazón, a dejarnos sorprender por la vida que se presenta cada día con sus novedades”.

Deseamos que este material ayude a nuestras comunidades educativas a vivir este tiempo con el verdadero sentido de la Navidad, desde el ENCUENTRO, la ALEGRÍA y la ESPERANZA.

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

Y todos verán la salvación de Dios”

1. Para comenzar la oración:

Iniciamos nuestra oración tomando conciencia de los sonidos que hay en nuestro entorno

Comienza notando los sonidos de tu cuerpo, los sonidos de la sala en la que estás, los sonidos del edificio y, finalmente, los sonidos del exterior. Deja que los sonidos penetren en lugar de luchar por capturarlos. Escucha sin esfuerzo. Sigue así durante unos diez minutos más.
Cuando estés lista, lleva la atención de los sonidos exteriores a tus pensamientos. Observa cómo los pensamientos surgen y se van. En cuanto notes que tu atención se enreda en un hilo de ideas, da un paso atrás con calma, alejándote de tus pensamientos, y vuelve a observarlos en la distancia, en la medida que puedas.

Continúo con el ejercicio y al escuchar música suave recito en silencio el siguiente texto.

Hazme ir más despacio Señor

Acompasa el latir de mi corazón aquietando mi mente.

Apacigua mis apresurados pasos

con la visión del alcance eterno del tiempo.

Ablanda la tensión de mis nervios y músculos

con la música relajante de las melodías

que perduran en mi memoria.

Ayúdame a experimentar

El mágico poder restaurador del sueño.

Enséñame el arte de tomarme pequeñas vacaciones:

Detenerme para mirar una flor,

Charlar con una amistad, acariciar a un perro,

Leer unas pocas líneas de un buen libro…

Hazme ir más despacio, Señor,

E inspírame cómo echar raíces profundas

En la tierra de los valores perennes de la vida,

Para que pueda crecer

Hasta la cima de mi grandioso destino

2. Lecturas del segundo domingo de Adviento

Primera lectura: Baruc 5,1-9 “El Señor guiará a Israel en medio de la alegría y a la luz de su gloria, escoltándolo con su misericordia y su justicia”.

Salmo responsorial: salmo 125: “Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor”.

Segunda lectura: Carta de san Pablo a los Filipenses 1,4-6. 8-11

Que su amor siga creciendo más y más y se convierta en un mayor conocimiento y sensibilidad espiritual, para que se mantengan limpios e irreprochables el día de la venida de Cristo”.

Lectura del Evangelio de Lucas. 3, 1.6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

«Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.

Y todos verán la salvación de Dios». 

3. Comentario al texto del Evangelio

La Palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.

El Bautista no les propone ritos religiosos ni tampoco normas ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna. Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.

¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?

Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos? Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos «cautivos de una religión burguesa». El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es ésta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.

Por eso, hemos de valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este «cautiverio», comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano.

4. Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

5. Concluyo con este pensamiento

Sólo voy a pasar una vez por este mundo

Todo el bien que pueda hacer,

Toda la amabilidad que pueda mostrar

A cualquier ser humano,

He de hacerla ahora

Y no dejarla para más tarde.

Porque no voy a pasar otra vez por aquí.

Stephen Gullet

  1. Oración final

Te pedimos Señor, que sepamos allanar los caminos, por medio de la compasión y la solidaridad para que podamos acompañar a los que buscan una vida mejor cruzando fronteras. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.