Horizonte Inspirador

En comunión con la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosos – CLAR, acogemos este Horizonte Inspirador, fruto del Espíritu y de nuestros anhelos más profundos. Este Horizonte nos acompañará e iluminará durante el periodo 2025-2028. Te invitamos a descargarlo, leerlo y compartirlo.


¡Nacer de Nuevo! La Invitación de Nicodemo a la Transformación (Horizonte Inspirador 2025-2028)

El Horizonte Inspirador para el periodo 2025-2028 nos convoca a un profundo proceso de «¡Nacer de nuevo!». Esta llamada a la transformación toma como icono inspirador el encuentro de Nicodemo con Jesús relatado en el Evangelio de Juan.

Nicodemo, un maestro de la ley, buscó a Jesús en medio de la noche. Esta noche simboliza un espacio de hondas inquietudes e incertidumbre, donde lo viejo ya no ofrece respuestas, pero lo nuevo aún no brinda seguridad. Pese a tener una vida intachable como fariseo ejemplar, Nicodemo se moviliza por sus insatisfacciones y la profundidad de su fe no resuelta.

Para la Vida Religiosa en América Latina y el Caribe, esta «noche» es la experiencia donde se acrisola lo verdaderamente evangélico. En la actualidad, esta noche se manifiesta a través de:

  • La Disminución Numérica y Fragilidad: Los indicadores evidencian un declive vocacional en Europa y América, obligando al cierre de comunidades y obras. Esto impulsa a abrazar la pequeñez y la lógica de la minoridad, recreándose de manera nueva con los ojos fijos en Jesús.
  • Acomodamiento y Temor al Riesgo: El afán por mantener y conservar la herencia, las obras y el prestigio limita el riesgo y el coraje misionero, convirtiendo a la Vida Religiosa en «guardianes de antigüedades». La institucionalidad puede generar el riesgo de esterilización si se queda en muros y protocolos que limitan la fuerza regeneradora del carisma.
  • Autorreferencialidad y Homogeneización: Se constata un retorno a lugares de confort (lo urbano, las capitales) en lugar de privilegiar las periferias, y una tendencia a uniformar que niega la riqueza de los dones y carismas distintos de cada persona.

La clave para este nuevo camino es el imperativo de «nacer del agua y del Espíritu». El renacer no se basa en capacidades humanas, sino en la fuerza creadora del Espíritu. Solo al abrirnos al Kairós del Espíritu, que dinamiza la historia, es posible que se hagan nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,1).

El encuentro con Jesús se convierte en un itinerario ejemplar de búsqueda de sentido de vida, que se abre a la nueva posibilidad de nacer de nuevo. Nicodemo, a pesar de sus miedos y resistencias, tuvo la valentía de arriesgarse en libertad para un encuentro posibilitador y revitalizador. Su gesto final de ungir el cuerpo de Jesús con mirra y áloe refleja un amor desmesurado y una profesión de fe elocuente.

La Vida Religiosa está invitada a seguir el camino del discipulado misionero desde la escucha y la humildad, enfocándose en siete grandes llamadas a la transformación.

  1. Vivir con Sentido desde lo Esencial: Esto implica avivar la pasión por Jesús y el Reino para renacer a la esperanza. La fecundidad nace de la interioridad y la autenticidad, cultivando una relación gozosa con el Dios de la Vida.
  2. Despertar de la Noche del Acomodamiento y la Desesperanza: La invitación es a salir del propio mundo, de los esquemas y las soluciones prefabricadas y a recuperar la alegría de la vocación. Esto requiere protagonizar y habitar la noche, descubriendo el kairós que se esconde en la des-gracia.
  3. Nacer de Nuevo desde la Minoridad Evangélica: Se trata de abrazar la minoridad como espacio de libertad y encuentro genuino, no como carencia. La minoridad numérica y el envejecimiento deben verse como oportunidades para vivir la fe de un modo nuevo. Es esencial fortalecer la dimensión comunitaria, asumiendo la minoridad como humildad y servicio mutuo.
  4. Reconocer las “Señales” del Maestro: La Vida Religiosa debe acoger la presencia del Maestro en la noche, quien revela con ternura (Jn 3,16). Las señales del Reino hoy, aunque discretas, exigen un discernimiento audaz, como la presencia en las periferias y la comunión intercongregacional.
  5. Emprender el Itinerario del Discipulado Misionero en Sinodalidad: La sinodalidad es el horizonte de transformación más adecuado para la renovación eclesial. Esto exige que la Vida Religiosa sea levadura de relaciones renovadas y estructuras más participativas. El camino sinodal implica escuchar, discernir y caminar juntas/os para tomar decisiones compartidas.
  6. Deconstruir Resistencias y Reconstruir con Audacia: Se necesita mirar con honestidad las resistencias y deconstruirlas, sostenidos por la fuerza de la Ruah divina. El camino del discipulado debe ser un proceso de maduración hacia una fe adulta, dejando atrás tradiciones y prácticas que infantilizan.
  7. Cuidar y Proteger la Vida desde el Desborde y la Sobreabundancia de Amor: Esto se traduce en dos acciones concretas:
    • Abrazar la vida amenazada de los marginados y excluidos, configurando la identidad desde la compasión y la opción por los pobres.
    • Cuidar la Casa Común, promoviendo una ecología integral y una espiritualidad cósmica, con estilos de vida coherentes y compromiso con la defensa ambiental.

El futuro de la Vida Religiosa no depende de estrategias humanas, sino de la apertura al amor-pasión que lo renueva todo. La Divina Ruah empuja a una esperanza que transforma, urgiendo a la osada libertad para salir de letargos.

En medio de las amenazas de muerte (como la crisis climática que golpea a los pobres), brotan con fuerza signos de vida, como los movimientos sociales que emergen desde las comunidades. La Vida Religiosa debe ser, por lo tanto, signo profético, testimonio y fermento del Reino, atreviéndose a nacer de nuevo, personal e institucionalmente.


Este itinerario de conversión y transformación nos recuerda que, al igual que Nicodemo, debemos permitir que el vínculo con Jesús nos abra a una nueva posibilidad. Nacer de nuevo es la única opción posible, incluso en tiempos de minoridad, porque nos habita la fuerza de la vida y la certeza de la Pascua.

El desafío es claro: renovar las instituciones, estilos y costumbres que aprisionan la vida y el carisma, permitiendo que entre aire fresco a nuestras estructuras anquilosadas, en fidelidad al Espíritu.

Como se menciona en el Himno, la invitación es a «Renacer al Espíritu», saliendo más allá del miedo, el letargo y lo sabido, arriesgando con audacia y caminando sin parar.

Descarga el horizonte inspirador