Los nuevos enfoques pedagógicos en la S.D. Ana María Gómez Campos F.Sp.S.

Por: Lic. Carlos José Díaz Rodríguez1

Aporte de la Red de Educación CIRM

La Iglesia Católica a lo largo de su historia, y principalmente desde la vida consagrada, ha buscado acompañar al ser humano, desde la evangelización y por medio de obras y proyectos en la línea de la educación; buscando dar respuestas a los retos de cada época, siempre en un continuo discernimiento. De ahí que en muchos aspectos haya sido -y continúe siendo- pionera en el ámbito de la educación. Su carácter profético es justamente adelantarse y con visión de futuro estar lista para una respuesta integral. Precisamente, desde esta conciencia, como mujer creyente, fue lo que hizo la Sierva de Dios Ana María Gómez Campos (1894-1985), fundadora, junto con el Venerable P. Félix de Jesús Rougier (1859-1938), de la congregación de las Hijas del Espíritu Santo el 12 de enero de 1924, cuyo carisma consiste en promover entre los niños, adolescentes y jóvenes una sólida cultura vocacional a través de la educación en sus diferentes modalidades.

Antes de que el constructivismo entrara en auge para contrarrestar los efectos de un modelo que estaba basado únicamente en el hecho de memorizar sin asimilar los contenidos, la M. Ana María, ya lo tenía en cuenta. De ahí que dijera: “Algunos pedagogos critican, y con mucha razón, los métodos en los cuales consideran al alumno como un recipiente que hay que atiborrar de conocimientos, muchas veces inútiles para la vida práctica”2. Derivado de lo anterior, también enseñaba que “la verdadera educación consiste en estimar al niño, no como elemento pasivo, sino activo, en su propia formación”3. Al igual, cuando explicaba que la “enseñanza debe ser colectiva e individual al mismo tiempo, para que sea eficaz”4. Sin duda, una pedagogía que, aunque fue redactada en 1945, pareciera escrita hace apenas unos cuantos meses. Ser maestro no es fácil. Implica vocación, profesionalismo y, en el caso de los docentes católicos, fe. Actualmente -y con justa razón- se pide al personal docente, trabajar su interioridad y afectividad para estar en condiciones de acompañar adecuadamente a los estudiantes. La M. Ana María, frente a todo esto, recordaba el papel de la oración como un medio muy importante para poder mantener un humor ecuánime. Delante de los retos, reflexionaba así: ¿Qué nos toca, pues? Pedir luz al Espíritu Santo y confiar en Él5. También, dentro del trabajo personal, supo apuntar hacia el futuro, pues hoy es una competencia profesional clave.

Otro aspecto que vale la pena subrayar es que, desde su experiencia como la primera mujer mexicana en formar parte de un círculo de psicología experimental, la disciplina no está peleada con el respeto y la libertad responsable; al contrario, forman un todo que debe ser el eje del quehacer educativo.

En conclusión, la vida y obra de la Sierva de Dios Ana María Gómez Campos, invita a todos los educadores a crecer en tres puntos: oración, vocación y profesionalismo. Así será posible dar una respuesta asertiva a los retos de la emergencia educativa y antropológica que estamos viviendo y que debe ser vista como un área de oportunidad.

1 Lic. Carlos Díaz Rodríguez, laico comprometido y miembro del equipo de difusión de la causa de canonización de la R.M. Ana María Gómez Campos.

2 RAMÍREZ ROMERO, MAGDALENA. (2008). De la mano de Ana María Gómez Campos. Recopilación de textos. San Luis Potosí: Edición privada.

3 Ibíd.

4 Ibíd.

5 Ibíd.

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