Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2019

La Jornada de la Vida Consagrada se celebra en la fiesta en que se hace memoria de la Presentación que María y José hicieron de Jesús en el templo «para ofrecerlo al Señor» (Lc 2, 22). En esta escena evangélica se revela el misterio de Jesús, el consagrado del Padre, que ha venido a este mundo para cumplir fielmente su voluntad (cf. Heb 10, 5-7). Simeón lo indica como «luz para iluminar a los pueblos» (Lc 2, 32) y preanuncia con palabra profética la suprema entrega de Jesús al Padre y su victoria final (cf. Lc 2, 32-35).

La Presentación de Jesús en el templo constituye así un icono elocuente de la donación total de la propia vida por quienes han sido llamados a reproducir en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, «los rasgos característicos de Jesús virgen, pobre y obediente» (VC, 1).

¿Por qué una Jornada de vida consagrada? San Juan Pablo II, en la 1ª Jornada de 1997, expuso los motivos de la iniciativa:

1º Responde a la necesidad de alabar al Señor y darle gracias por el gran don de la vida consagrada que enriquece y alegra a la comunidad cristiana con la multiplicidad de sus carismas y con los frutos de tantas vidas consagradas totalmente a la causa del Reino. La vida consagrada es un don, iniciativa del Padre, «que atrae a sí una criatura suya con un amor especial para una misión especial» (VC, 17).

La Jornada tiene como finalidad promover en todo el Pueblo de Dios el conocimiento y la estima de la vida consagrada. Como subraya el Concilio (cf. LG, n. 44), la vida consagrada «imita más de cerca y hace presente continuamente en la Iglesia la forma de vida que Jesús, supremo consagrado y misionero del Padre para su Reino, abrazó y propuso a los discípulos que le seguían» (n. 22). Esta es, por tanto, especial y viva memoria de su ser de Hijo que hace del Padre su único Amor –he aquí su virginidad–, que encuentra en Él su exclusiva riqueza –he aquí su pobreza– y tiene en la voluntad del Padre el “alimento” del cual se nutre (cf. Jn 4, 34) –he aquí su obediencia–.

Las personas consagradas son invitadas a celebrar juntas y solemnemente las maravillas que el Señor ha realizado en ellas, para descubrir con más límpida mirada de fe los rayos de la divina belleza derramados por el Espíritu en su género de vida y para hacer más viva la conciencia de su insustituible misión en la Iglesia y en el mundo.

En un mundo con frecuencia agitado y distraído, la celebración de esta Jornada anual ayuda también a las personas consagradas, comprometidas a veces en trabajos sofocantes, a volver a las fuentes de su vocación, a hacer un balance de su vida y a renovar el compromiso de su consagración. Podrán así testimoniar con alegría a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo, en las diversas situaciones, que el Señor es el Amor capaz de colmar el corazón de la persona humana.

Existe realmente una gran necesidad de que la vida consagrada se muestre cada vez más «llena de alegría y de Espíritu Santo», se lance con brío por los caminos de la misión, se acredite por la fuerza del testimonio vivido, ya que «el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros lo hace porque son testigos» (EN, 41). (Cf. Juan Pablo II, Mensaje para la 1ª Jornada de la vida consagrada, 1997).

La vida consagrada en México vive una coyuntura providencial que la impulsa, aún más, a servir a la Iglesia, desde el don que ha recibido. En efecto, el Proyecto Global de Pastoral 2031-2033 de la Conferencia del Episcopado Mexicano ha contemplado la realidad que estamos viviendo y la ha interpretado desde el acontecimiento de la Redención de Nuestro Señor Jesucristo y desde el Acontecimiento Guadalupano. Como conclusión, el Proyecto nos impulsa a asumir las siguientes opciones pastorales: Por una Iglesia que anuncia y construye la dignidad humana; por una Iglesia comprometida con la paz y las causas sociales; por una Iglesia pueblo; por una Iglesia misionera y evangelizadora; por una Iglesia compasiva y testigo de la Redención. ¿Acaso no son éstas las que están en el corazón de la vida consagrada, desde los diferentes carismas que el Espíritu Santo ha suscitado en el corazón de los fundadores?

«El sueño de la Iglesia que deseamos llegar a ser y construir, para celebrar los 2000 años de la redención y los 500 del acontecimiento guadalupano, no pueden terminar en sólo un documento (…), sino que, como proyecto inspirador y desde sus cinco opciones y compromisos pastorales, ha de ser asumido con fe, creatividad, comunión y sinodalidad, y ser aterrizado en las provincias eclesiásticas, las diócesis, en la vida consagrada, grupos y movimientos apostólicos, así como por todo el Pueblo de Dios» (CEM, Proyecto Global de Pastoral 2031-2033, nº 190).

Gracias a la vida consagrada en México que nos llena de alegría, da sabor al mundo y es una presencia viva del amor de Dios.

 

+ Julio C. Salcedo Aquino, m.j.
Obispo de Tlaxcala
Dimensión Episcopal
para la Vida Consagrada

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