Día Internacional de la Mujer | 8M 2025

Para las mujeres y niñas en toda su diversidad: Derechos, igualdad y empoderamiento
(Lema de la ONU para el Día Internacional de la Mujer 2025)

El 8 de marzo es una ocasión para reflexionar y renovar nuestro compromiso con la justicia, la dignidad y la equidad. Desde la Vida Consagrada en México, nos unimos a esta conmemoración, inspirados por las palabras del papa Francisco, quien nos invita a construir comunidades de compasión y solidaridad, donde hombres y mujeres asuman juntos la fragilidad del otro, rechazando toda forma de exclusión y promoviendo el bien común (F.T. 67).

El Santo Padre ha expresado en diversas ocasiones la importancia fundamental de la mujer en la Iglesia y en la sociedad. «La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que ésta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia» (19 de agosto de 2013). Reconoce en ellas una fuerza inquebrantable, mujeres luchadoras y esperanzadas que, a pesar de las adversidades, sostienen la vida con amor y valentía. Como María, muchas han experimentado el dolor de la pérdida y la injusticia, pero también encarnan la maternidad de la Iglesia, permaneciendo cercanas a quienes sufren, en primera línea del servicio y la entrega (Discurso a los jóvenes consagrados, 17 de septiembre de 2015).

La realidad de muchas mujeres sigue marcada por la exclusión, la violencia y la discriminación. El Papa Francisco ha denunciado en sus viajes pastorales la crueldad del feminicidio, la trata de personas, la esclavitud femenina e infantil, así como la vulnerabilidad de las mujeres migrantes. En su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, nos recuerda el dolor de tantas que, ante situaciones extremas, ven en el aborto una solución inmediata a sus angustias (EG 214); y en Amoris Laetitia, llama la atención sobre las madres adolescentes y las mujeres solas en los desplazamientos migratorios (AL 197).

No obstante, también se han dado pasos significativos hacia la participación activa de las mujeres en la Iglesia. Hoy, ocupan roles de alta responsabilidad en el Vaticano, como el equipo de nombramiento de obispos y el Dicasterio para la Vida Consagrada. «Desde que ellas están allí, las cosas van mucho mejor. Son agudas en sus juicios», ha afirmado el Papa.

Desde nuestra vocación de servicio, reconocemos y agradecemos la labor de tantas mujeres consagradas que, con su entrega cotidiana, reflejan el amor de Dios en el mundo. Nos solidarizamos con quienes siguen luchando por su dignidad y por un mundo más justo e inclusivo. Con María de Nazareth, elevamos nuestra oración por aquellas mujeres y niñas que aún no han descubierto su inestimable valor como hijas amadas de Dios.

Sigamos trabajando para hacer realidad las prioridades establecidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible:

  • Aumentar el liderazgo y la participación de las mujeres.
  • Poner fin a la violencia contra las mujeres.
  • Involucrar a las mujeres en todos los aspectos de los procesos de paz y seguridad.
  • Fomentar el empoderamiento económico de las mujeres.
  • Hacer de la igualdad de género un eje central en la planificación y elaboración de políticas públicas.

Como nos recuerda Jaha Dukureh, activista contra la mutilación genital femenina: «Sin esperanza, no hay acción. La esperanza no es pasiva, sino un acto radical. Nos impulsa a seguir luchando, soñando y creyendo en un futuro mejor, aun cuando la balanza no parece estar de nuestro lado».

Sigamos siendo portadoras y portadores de esperanza en nuestro diario peregrinar hacia el Reino. Que nuestra vida consagrada continúe siendo testimonio de amor, servicio y compromiso con la dignidad de cada mujer y niña en nuestra sociedad.

Conferencia de Superiores Mayores de Religiosas y Religiosos de México


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