MENSAJE de la LX Asamblea Nacional de la CIRM

Testigos de Una Esperanza que transforma
Caminando hacia una Vida Religiosa en clave sinodal

Como peregrinos de esperanza, la Vida Religiosa presente en México nos hemos encontrado en las faldas del icónico cerro de la Silla en Monterrey, Nuevo León, en la LX Asamblea Nacional de Superioras y Superioras Mayores, abrazados por el maternal cuidado de la Virgen del Roble e inspirados por esta cultura de sueños y de emprendimientos. Nos ha acompañado Mons. Joseph Spiteri, nuncio apostólico, y los pastores de la Arquidiócesis que nos acoge: Mons. Rogelio Cabrera y Mons. César Garza Miranda, presidente de la Dimensión para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal, manifestando así la fuerza de una Iglesia en camino sinodal. 

El encuentro nos ha hecho evocar con gratitud la vida y magisterio del Papa Francisco, a quien agradecemos su testimonio evangélico de inclusión y el impulso para ser una Iglesia en salida, tienda de campaña para sanar los corazones rotos y acompañar a los heridos de la historia, con una impronta sinodal que rompa la autorreferencialidad y nos conduzca por caminos de participación, comunión y misión de un modo más corresponsable y gozoso. 

Así también nos abrimos al papado de León XIV que, inspirado por la Ruah Divina, acompañará este tramo de la historia de la Iglesia en sus desafíos y sueños. Acogemos sinodalmente al nuevo liderazgo de la Confederación Latinoamericana de Religiosos CLAR que regala a la Vida Religiosa peregrina en el continente latinoamericano y el Caribe, el icono del encuentro transformador de Nicodemo con Jesús para nacer de nuevo como discípulas y discípulos que a la luz del Resucitado saben derramar en el cuerpo crucificado de nuestros hermanos y hermanas el perfume de sus vidas y de los Carismas que el Espíritu Santo sigue regalando a la iglesia y al mundo como revelación del Amor que libera y vivifica. 

Con un corazón compasivo hemos vuelto a tocar las llagas de nuestro “México querido y herido”. Este es un territorio que se debate entre la muerte, la sangre, las víctimas del narcotráfico, el crimen organizado que corta en vilo la vida de tantos jóvenes que son cooptados para el mal, la imposición de una cultura de muerte y sinsentido, el rezago educativo, la pobreza creciente para las poblaciones indígenas, campesinas y urbanas, la inseguridad y una aberrante violencia cotidiana que amenaza siempre a los más débiles y vulnerables: nuestros niños, niñas, adolescentes, mujeres y ancianos. Estas realidades, entre tantas otras, nos duelen y desafían. Pero sabemos al mismo tiempo que en cada una de estas situaciones, hay personas y grupos que acompañan con solidaridad y luchan por la vida, y eso mantiene viva la esperanza, a pesar de todo. 

También hemos visitado la realidad de nuestras comunidades e institutos en la crisis de reducción que vivimos, las dificultades en las relaciones comunitarias, el crecimiento de enfermedades físicas y de salud mental, así como la fuerza y pasión por el Reino que nos sostiene y alienta en el caminar que nos ha llevado a restructurarnos para servir y amar. 

Con las mujeres del Alba y con Nicodemo nos adentramos a esa noche de la historia, con nuestras dudas e incertidumbres, buscando la verdad y la vida. Queremos discernir a su luz los nuevos modelos de Vida Religiosa para emprender procesos de transformación de mente y corazón, para ser confirmados en nuestra misión y nacer de nuevo a la radicalidad profética de la ternura y de la justicia. A la par discernimos un renacer estructural de la CIRM nacional, nuestra casa que nos acompaña y anima en una experiencia cada vez más intercongregacional, más profética, más mística. 

A nuestras hermanas y hermanos religiosos les invitamos a nacer de nuevo, a dejarnos movilizar por la fuerza del Espíritu que hace nuevas todas las cosas, que entra en el horizonte de nuestras “pequeñas o grandes muertes”, que nos encamina a deconstruir para reconstruir una relacionalidad evangélica, que transparente la ternura misericordiosa de Dios. Les invitamos renacer desde la minoridad numérica a una minoridad espiritual y gestante de las semillas del Reino, que nos devuelve humildemente al dinamismo del seguimiento de Jesús y nos invita a ser luz resucitada en medio de la noche, hasta que despunte la aurora de una nueva humanidad, la de Jesús que Vive. 

A nuestro pueblo mexicano al cual amamos y servimos en el nombre de nuestro Señor Jesús, nuestra Paz, les queremos decir que no están solos, que Jesús nos invita a ser artesanos y constructores de la paz, que no se turbe nuestro corazón, que no nos acobardemos porque Dios está con nosotros y sueña con nosotros un país justo, inclusivo, solidario, alegre, comprometido; un México que todo él sea regazo de misericordia, todos unidos en el seno de nuestra Madre Santa María de Guadalupe. 

A nuestros jóvenes les pedimos, en nombre del Señor, que no tengan miedo a vivir los valores del Reino, que resistan a la tentación de la vida fácil y que juntos nos hagamos cargo de este momento de la historia que nos reclama la valentía, la ética y la verdad; a ser parte de una transformación para ser más humanos, más hermanos, más luz que vence la noche. ¡Ánimo! Cristo es nuestra Paz, ¡no tengamos miedo! 

Participantes de la LX Asamblea Nacional de la CIRM

Monterrey, Nuevo León
25-27 de mayo 2025


A los participantes, les hemos enviado a sus correos electrónicos el vínculo para descarga de las diferentes presentaciones y galería fotográfica.

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