3er domingo de Adviento: VIVIR EL ADVIENTO EN CLAVE DE INTERIORIDAD

INTRODUCCIÓN

Te invitamos a tomarte el tiempo de Adviento como un momento para dejarse encontrar por Dios. Sí, es verdad, el Adviento es un camino… pero en el que sabemos que Dios ya ha dado el primer paso y que correrá a nuestro encuentro en cuanto nosotros nos abramos a su presencia.

Dios está presente siempre, en cada momento de nuestra vida. Pero no siempre estamos lo suficientemente “conectados” con él para escucharle. Las prisas, los agobios, los miles de anuncios y ofertas, las deslumbrantes luces de este tiempo, nos aturden y nos restan capacidad para entrar en nuestro interior y prepararnos a vivir el Adviento y la Navidad desde el interior, desde lo profundo del corazón para acoger la encarnación de Dios.

Ante la complejidad del momento que vivimos y ante la superficialidad que acompaña a la dinámica consumista de este momento, les proponemos vivir este tiempo de Adviento en clave de INTERIORIDAD y vivir este tiempo de esperanza con apertura y confianza.

Sólo desde la profundidad de nuestro corazón podemos dejarnos sorprender por Dios que viene a transformar nuestro mundo. El Papa Francisco nos invita a vivirlo desde el corazón.

En este tiempo de Adviento estamos llamados a alargar el horizonte de nuestro corazón, a dejarnos sorprender por la vida que se presenta cada día con sus novedades”.

Deseamos que este material ayude a nuestras comunidades educativas a vivir este tiempo con el verdadero sentido de la Navidad, desde el ENCUENTRO, la ALEGRÍA y la ESPERANZA.

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO.

DOMINGO DE LA ALEGRÍA

Mi fuente de alegría es el Señor” confian

En esta tercera semana de Adviento encontramos las palabras que nos ayudarán a crecer en la za, en la esperanza y en la alegría por la llegada del Señor. Este domingo recibe el nombre de ALEGRÍA, de GOZO, porque la llegada del Señor está cerca.

1. Para comenzar la oración:

Tomar conciencia de la presencia de Dios que me habita porque su amor “ha sido derramado en mi corazón”. Hago silencio en mi interior para disponerme a escuchar su Palabra, para abrir mi corazón y estar atenta a su voz

2. Lecturas del tercer domingo de Adviento

Que estas lecturas alimenten tu deseo de recibir al Señor, que ya viene. Abraza estas palabras, recíbelas, deja que calienten tu corazón, repítelas varias veces. Si te ayuda, puedes escribirlas, o subrayarlas en tu misma Biblia.

Primera lectura: Sofonías 3,14-18 Esta lectura nos recuerda que “tu Dios está en medio de ti” Esto nos llena de alegría y de confianza. El miedo desaparece ante esta presencia del Señor que te habita, ante la certeza de que “su amor te renovará”

Salmo responsorial: tomado del libro de Isaías 12,2-6, también encontramos palabras de aliento y esperanza que ponen contento nuestro corazón: “Tengo confianza y no temo, porque mi fuerza y mi fuente de alegría es el Señor, él es mi salvación”.

Segunda lectura: carta de san Pablo a los Filipenses 4,4-7: nos invita a estar alegres en el Señor porque está cerca. Alegrarnos por su venida no es sólo una invitación, sino una exigencia de nuestra fe porque, reconocemos que la encarnación es una realidad y que la Palabra de Dios se oculta en la carne de la tierra, en la historia, en nuestras vidas. Es una alegría que viene de nuestra fe, que nace de la certeza de que el EMMANUEL, el Dios con nosotros, está cerca.

Evangelio de Lucas 3,10-18, nos encontramos con Juan Bautista que exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena noticia. La gente preguntaba a Juan: “Entonces, ¿qué hacemos nosotros?”

3. Comentario al texto del Evangelio:

A semejanza de los discípulos de Juan,

Comencemos de Forma Sencilla, por lo Pequeño Cuando la tarea de llevar a cabo lo que debemos hacer excede ciertamente nuestras fuerzas y nuestra capacidad, ¿qué podemos hacer? Cuando el problema es demasiado amplio como para poderlo abarcar -como p. ej., la injusticia y violencia en el mundo, la falta de amor, la división entre la gente- ¿qué podemos hacer nosotros, gente sencilla y de a pie?

Podemos comenzar de forma sencilla, actuando con responsabilidad en nuestro propio pequeño rincón, con la gente que nos rodea, y haciendo bien todo lo que tenemos que hacer. Éste es el consejo de Juan el Bautista a los que se acercan a él para la conversión. Esto es lo que tienen que hacer: acelerar la venida del Salvador. Esto es quizás todo lo que nosotros podemos hacer para traer hoy a Cristo a nuestro mundo. (Tomado de Ciudad Redonda)

4. Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

¿Qué palabras llegaron a mi corazón de manera especial?

Repítelas varias veces, deja que penetren tu corazón.

Detecta cuáles son tus sentimientos en relación a ellas y deja que espontáneamente brote de ti una oración, ya sea para agradecer, para alabar, para bendecir, o para hacer alguna petición.

Te invito a hacerte la misma pregunta que el pueblo le hizo a Juan el Bautista: “Maestro, ¿qué hacemos nosotros?” Esta es una buena pregunta porque nuestra esperanza tiene que ser activa, ha de ponernos en movimiento. Y paradójicamente, este tiempo próximo a Navidad vivimos en un torbellino de actividad que sofoca la verdadera espera y el deseo de que llegue el que ha de venir: Jesús nuestro Salvador.

Piensa en lo que puedes hacer en estas dos semanas para vivir con una esperanza auténtica. Pregúntate. ¿qué puedo hacer por los que tengo más cerca? ¿qué puedo hacer por, los que necesitan de esperanza? ¿qué puedo hacer para contagiar la alegría y la esperanza?

5. Concluyo con este pensamiento:

Quiero pedirte prestados tus ojos

para poder contemplar mis cegueras.

Pedirte prestados tus brazos

para tomar mi camilla y ponerme de pie.

Pedirte prestadas tus entrañas

para llenarme de tu misma misericordia.

Pedirte prestado tu corazón

para hacer de mi vida un sacramento de tu amor.

Pedirte prestada tu oración

para poder ser contemplativo en la acción..

Pedirte prestadas tus lágrimas

para aprender a sonreír con los demás.

Pedirte prestado tu peregrinar

para nunca instalarme.

Pedirte prestada tu autoridad de Mesías

para sólo dejarme conducir y llevar.

Pedirte prestada tu encarnación

para que sin perder de vista el Reino

me embarre cada día con nuestra historia.

(Marcos Alemán, sj tomado de Rezando Voy)

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